Precariedad, Capitalismo y Patriarcado

Contra la FEMINIZACIÓN de la POBREZA, contra la desigualdad salarial

Una vez más, el 1º de Mayo las mujeres saldremos a las calles de nuestras ciudades para reivindicar nuestros derechos y el reconocimiento de nuestro papel en la sociedad, que nos siguen negando, de forma aún más descarada en últimos años, con la excusa de la crisis.

La mayoría de los derechos reconocidos devienen del trabajo en los sistemas productivos: desde el salario, que hace posible un bien tan preciado como es la autonomía económica, hasta la pensión que (aun siendo muy bajas para las mujeres en nuestro país) nos permite nuestro sostenimiento en la vejez, pasando por las prestaciones en la situación de desempleo, por enfermedad, embarazo, etc.

Sin embargo, el sistema de forma absolutamente tramposa, por una parte no reconoce el valor del trabajo reproductivo, siendo éste sin embargo imprescindible para la sociedad, y lo hace recaer en las manos de las mujeres; y por la otra, no asume su papel, que le correspondería en este campo, que significaría una ampliación considerable de la responsabilidad y de los presupuestos en diversas materias: salud, educación, inversiones en infraestructuras y servicios sociales.

Ahora bien, siendo las mujeres el 51% de la población en edad de trabajar, nuestra tasa de actividad (porcentaje de mujeres en el mercado laboral sobre el total de las que están en esa franja de edad), según la Encuesta de Población Activa del IV Trimestre de 2016, es del 53,4%, frente al 64,80% de la tasa de actividad de los hombres. Es decir, más de 10 puntos porcentuales de diferencia, y va en aumento por el desistimiento de muchas, ante la imposibilidad de encontrar un empleo. Eso significa que casi la mitad de las mujeres en edad de trabajar, no lo hace en el mercado de laboral ni tienen posibilidad de acceder a los derechos que de éste se derivan.

De las que sí trabajan en los sistemas productivos, cabe decir que sus condiciones de contratación son, en general, muy precarias, representan el 70% de los contratos a tiempo parcial (mucho peor pagados que los de tiempo completo), y copan los empleos de los sectores más precarizados y de menor cualificación (por ejemplos, solo representamos poco más del 16% en los Consejos de Administración).

A esto hay que añadir que la tasa de paro de las mujeres es del 20,25%, mientras la masculina se sitúa en el 17,83%. Una diferencia, también hay que decirlo, que ha mermado no por una mejora del empleo femenino, sino por la caída que en este periodo ha tenido el de los hombres, al ser los sectores claramente “masculinizados” (construcción, por ejemplo) los más afectados por la crisis.

Nos topamos, por último, con lo que hemos venido a denominar “brecha salarial”; según la Encuesta de Estructura Salarial publicada en Octubre de 2016, el salario medio bruto anual, de toda la población, se situaba en 22.858€; pero mientras el de los hombres alcanzaba como media los 25.727€, el de las mujeres se quedaba en 19.744€, lo que supone que éstas cobran en media anual en torno a 6.000 € menos.

Y si observamos que el salario medio bruto de los empleos a tiempo completo alcanza los 26.965,35 € anuales, cuando los de tiempo parcial (muy mayoritariamente de mujeres) está en 9.794 €/año, nos haremos una idea de la flagrante discriminación que existe en el mercado laboral al respecto.

Este “desfase” entre mujeres y hombres, tanto en las condiciones de contratación como en los salarios, viene finalmente a determinar una mayor dificultad de acceso y una brecha similar (e incluso aumentada) en las prestaciones a que da derecho la pertenencia al mercado laboral, que señalábamos anteriormente. Fundamentalmente en la protección al desempleo y en las pensiones, cuyas cuantías se basan en el nivel salarial, que sirve de base de cotización a la Seguridad Social, y en los periodos cotizados, forzosamente inferiores en las mujeres, que tienen, en muchos casos, amplias “lagunas de cotización” al aparcar su carrera profesional por tener que dedicarse al trabajo de cuidados, bien sea de menores, de personas enfermas o dependientes.

Es, pues, el desigual reparto de las tareas domésticas y de cuidados en el ámbito familiar, pero muy significativamente la omisión del Estado en esta materia (falta de escuelas infantiles públicas a precios asequibles, desmantelamiento de la Ley de Dependencia –así como su discriminatoria planificación-, la minimización de los Servicios Sociales, etc.), es lo que lastra el papel de la mujer en el mercado laboral, su autonomía económica y su estatus social.

De ahí que no podamos dejar de denunciar la alianza subyacente del Capitalismo y el Patriarcado, pues si el primero nos necesita como mano de obra indispensable para cubrir la demanda de los sistemas productivos, y eso ha hecho posible la incorporación masiva de mujeres al mercado laboral, el segundo consigue que desempeñemos en éste un papel subalterno, que no garantiza nuestra independencia, quedando en buena parte atrapadas en las tareas domésticas y de cuidados familiares, que es el destino que nos tenían asignado. Por todo ello, llamamos a un 1º de Mayo fuertemente reivindicativo

EN #LUCHAFEMINISTA:

CONTRA LA PRECARIEDAD EN EL EMPLEO

CONTRA LA BRECHA SALARIAL Y EN LAS PENSIONES

CONTRA LA ALIANZA CAPITALISMO-PATRIARCADO

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